jueves, 17 de diciembre de 2015

Cuatro verdades

1

Hermana:
no logro hallarte en un poema.
Tu imagen se me hace tan cercana
que no sé cómo empezar a describirte.
El realismo que te compone es el dilema
al que me hallo sentado, haciendo a un lado
metáforas que tu imagen toma por inservibles.

Siento que cada línea se hace invisible
con solo saber que tienen tu nombre atado.
Quisiera sorprenderte con mi mejor escrito,
abandonar a las estrellas de las que tanto hablo
y decirte, con tan solo seguir mi escaso instinto,
la razón por la que hago algo que creo imposible:
el por qué de querer hallarte en mis palabras.

 2

No tengo idea de qué pensarás de mi.

No sé tú, pero solo saber tu nombre
es mi más preciado conocimiento.

¿Recuerdas cada instante de silencio?

¿Verdad que son invisibles los inicios?

Desde que te conozco he enlistado
cada una de las veces en que nadie reía
y los chistes se apilaban en fila
hasta reventar en la risa imparable.

Desde que te conozco he guardado
cada uno de los descubrimientos mutuos:
cuando a los trece deduje que éramos
hechicera y brujo, y compartimos cada uno
de nuestros hechizos anotados.

Fuimos extremos encontrados
en la magia de pertenecer al mismo grupo,
de estar, finalmente, alineados,
de orbitar, por primera vez, lado a lado;
contigo sentí a la palabra hermano 
como el fruto de una larga búsqueda,
el tan esperado resultado
del simple acto de respirar.

3

Atesoro los primeros y lejanos momentos
en que nuestros nombres nos eran nuevos.

Estaba tan atestado de preguntas minuciosas
sobre cómo funcionabas o qué te hacía reír.

Por entonces, Aedra significaba carcajadas
escondidas; ojos entrecerrados en la distancia,
para pensar; palabras rebuscadas en charlas

que carecían de zona horaria o dimensión;
análisis realistas de personajes de ficción,
y la versión más honesta de lágrimas de alegría.

Me alegra informarte que has crecido
(al menos a mis ojos)
para ser mucho más.

4

Hermana:
Has sido el escudo y el emblema.
No hay metáfora más cercana a tu realidad
que nuestra amistad medida en últimos abrazos,
chistes malos, embrujos en libros de segunda mano
y conversaciones de palabras sinceras.

Te encontré, por primera vez, en el inicio de los pasos.
Eres el consejo que me dieron al umbral de la puerta,
el primer vistazo a la inmensidad del camino,
la sola idea de empezar a caminar.

Hermana:
gracias por haber recorrido todo esto conmigo.
Gracias por haberme encontrado.

Porque ¿qué sería de mí 
si no me hubieras sucedido?





Share:

domingo, 6 de septiembre de 2015

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Un encuentro

Persona o chispa. Luz de estrella.

Solo puedo agradecerte:
porque llovía a cántaros
y el cielo, frío, envejecía
sobre paraguas oscuros,
y solo tú podrías quedar
en la lista de maravillas.
Porque apareciste y ya,
colmada de color y mar,
de trenzas y buena voz,

para abrazar como sabiendo,
y despedirte adornando el favor,
encendiendo la húmeda leña
hundida tras el esternón
con tu sonrisa de chispa
y tu abrazo de constelación.
Share:

viernes, 1 de mayo de 2015

domingo, 19 de abril de 2015

martes, 14 de abril de 2015

Estoy aquí: parado en una celda.
No hay barrotes que recorten la luz.
No existe un techo sobre mi cabeza,
y se pueden ver las noches sin la cruz
del neón sobrepuesta en el cielo.

En esta celda soy libre, libre como nunca.
Pero nunca quise serlo.

Las paredes se han acostumbrado a mí,
y el calor de las sábanas son otra piel
atada a la piel que ya tengo.

Y entonces, ¿qué hago, si no otra cosa
que ser alguien más en esta celda,
nacido aquí, y aquí muriendo?

Mis padres levantaron estos muros,
y entre cada ladrillo plantaban el consejo
más oscuro de cuando eran niños,
y mis abuelos ya les decían cómo ir creciendo.

Desde que tengo memoria, la lluvia entra
sola y se mete a mi cama, y me dice historias
de los otros mundos, pero se centra en contar
que no es lo mismo mirar el como llueve,
que estar triste e ir lloviendo.

Estoy aquí: varado en una celda,
tan solo hasta darme cuenta de que yo soy el pilar.

Y salgo a caminar. 

Crescendo.
Share:

lunes, 16 de febrero de 2015

Felicidad:

Ver más allá de tu nariz
se te complica.
Cada vistazo implica
ver qué te hace feliz.

Mírate: aciago,
mirando cielo, sin lumbre,
taciturno;
Allá, la bóveda de lo nocturno
solo aumenta los anhelos
aquí.

¿Y por qué ese desenfreno
al buscar tu felicidad
como lanzada al heno?

Si sonreír es lo que buscas
deberías buscarte a ti.

Desear, en sí
chamusca
ciertas facilidades de vivir.

Avivas nidos para que luzcan
como estadías holgadas,
sin fin.

Y en fin.

No sé qué hacer contigo:
a estas horas tus horas
son eternas.

Ve a constelarte,
estira las piernas.
Haz de ti tu propio amigo.

Allá, los asteroides vecinos
querrán saber tu secreto.
En ese momento, actúa discreto,
párate en el flanco enemigo,
y di que buscabas otras voces
para armonizar contigo
y fue cuando observaste entonces
que ya andabas completo.
Share: