Estoy aquí: parado en una celda.
No hay barrotes que recorten la luz.
No existe un techo sobre mi cabeza,
y se pueden ver las noches sin la cruz
del neón sobrepuesta en el cielo.
En esta celda soy libre, libre como nunca.
Pero nunca quise serlo.
Las paredes se han acostumbrado a mí,
y el calor de las sábanas son otra piel
atada a la piel que ya tengo.
Y entonces, ¿qué hago, si no otra cosa
que ser alguien más en esta celda,
que ser alguien más en esta celda,
nacido aquí, y aquí muriendo?
Mis padres levantaron estos muros,
y entre cada ladrillo plantaban el consejo
más oscuro de cuando eran niños,
más oscuro de cuando eran niños,
y mis abuelos ya les decían cómo ir creciendo.
Desde que tengo memoria, la lluvia entra
sola y se mete a mi cama, y me dice historias
sola y se mete a mi cama, y me dice historias
de los otros mundos, pero se centra en contar
que no es lo mismo mirar el como llueve,
que no es lo mismo mirar el como llueve,
que estar triste e ir lloviendo.
Estoy aquí: varado en una celda,
tan solo hasta darme cuenta de que yo soy el pilar.
Y salgo a caminar.
Crescendo.
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