Pululan azulejos de la cola arbolada
naciente de los cerros que cortan el cerúleo.
Danzantes en el verde berro del rebelde terruño
corren a vuelo pleno las abejas hacia amapolas.
La inmensidad de esta vista, (lejanas las farolas
que asedian estrellas listas en círculos citadinos),
con un escenario salpicado de los más raros pinos,
se me ha cruzado, mojándome cual ola
los pies de un cosmos desconocido que entona
versos de picos y cantares para arrullar el nido.
Aglomerado en el aire del incienso recién nacido,
corre en el frío el aroma que alimentan las abejas.
El organismo se despeja;
yo antes estaba herido:
ahora, en mi carcasa de almeja,
encontré una perla vieja y sin pulido
que ha huido incasable del ruido que de aquí se aleja,
que ha oído la canción de La Madre y sus recién nacidos.
naciente de los cerros que cortan el cerúleo.
Danzantes en el verde berro del rebelde terruño
corren a vuelo pleno las abejas hacia amapolas.
La inmensidad de esta vista, (lejanas las farolas
que asedian estrellas listas en círculos citadinos),
con un escenario salpicado de los más raros pinos,
se me ha cruzado, mojándome cual ola
los pies de un cosmos desconocido que entona
versos de picos y cantares para arrullar el nido.
Aglomerado en el aire del incienso recién nacido,
corre en el frío el aroma que alimentan las abejas.
El organismo se despeja;
yo antes estaba herido:
ahora, en mi carcasa de almeja,
encontré una perla vieja y sin pulido
que ha huido incasable del ruido que de aquí se aleja,
que ha oído la canción de La Madre y sus recién nacidos.
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