viernes, 15 de enero de 2016

Sentimiento Nacional

La nacionalidad es este acto separatista con el lema partidario de una hermandad bien sonada en sus himnos, tan invisible como los líneas que dibujan las fronteras que despedazan esta tierra. Porque es hermoso hablar de banderas en su movimiento contra el aire, y la gloria de unos colores que excavamos con sangre desde las profundidades de una patria que creemos poseer. Porque es bello creernos unidos contra un mundo del que venimos, porque queremos inventarnos una corriente a la mitad de una ola que nos dio cada nutriente en nuestro sistema.

Nadie puede poseer una montaña, ni asfixiar su cascada hasta convertirla en un hilo de agua, y seguir reclamándola como suya. No hay médanos o páramos que merezcan el peso de los títulos que los patriotas se clavan en el pecho emplumado, como diciéndole a los que no nacieron encerrados entre las líneas imaginarias de su país que están ganando y ganarán, solo porque hay más relieve en su lado de la caja de arena.

Jamás fuimos capaces de llevarnos bien entre nosotros. Crecimos mezclados en la misma tierra, hechos del mismo conjunto de polvo de estrellas, hermanos en los primeros pasos en la evolución de los caminos.

Contemplamos el horizonte joven, y la árida supervivencia nos hizo amigos de herramientas, familias de colores neutros, compañeros en las primeras fogatas. No fue sino hasta que nos cansamos de vernos al rostro que empezamos a inventar historias sobre la pérdida de un eslabón, torres hechas y deshechas en Babel y el grosor de las fronteras.

El humano incluyó en su proceso evolutivo la necesidad de dividir todo hasta el núcleo mismo de su nombre. La piel se resumió al átomo, el átomo a las partículas subatómicas, y todas estas a los hilos cuánticos del Todo. La Tierra se convirtió en países, el país en estados, los estados en norte rico y sur pobre, y los anteriores en mil himnos al orgullo rebelde del pecho patriota.

Aún así, logramos encontrar los colores de nuestro hogar derramados dentro del territorio ficticio. Cuando avances, lograrás extrañar tu vecindario roto, y la decadencia en las calles, y el vernáculo antiguo que aún se oye en el tricolor de los callejones. No te asustes. Solo estás recordando tu castillo de arena favorito; pero de cuánta belleza está hecho el Sahara...


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