domingo, 2 de octubre de 2016

09/22/16

give me a handful of daisies
or every word of yours at the bottom
                               of a bottle of rum.

i have tasted the sweetness of laughter
through numb lips and blurred smiles

and I don't want to get back into stillness. 

give me friendly hands to hold while tipsy
or a friday night just for us, freckled skies
and city-shaped tidal waves to cover up the blank spaces.
let's destroy whatever came before this moment,
and build an entire kingdom from the moisten ashes,
replacing what alcohol washed away.

why can't we -you and i-
dedicate our lives to the joy of little things?

let's give ourselves the right to choose
between survival and a light, cozy youth
with baskets and baskets of buttercups and drinks.

we won't be trapped between cracks and thoughts
                                                                 anymore 
as long as we inhabit this night fully.



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jueves, 1 de septiembre de 2016

Un paisaje:

Caracola dorada, el azul, lejos, enarbola.
Pululan azulejos de la cola arbolada
naciente de los cerros que cortan el cerúleo.
Danzantes en el verde berro del rebelde terruño
corren a vuelo pleno las abejas hacia amapolas.

La inmensidad de esta vista, (lejanas las farolas
que asedian estrellas listas en círculos citadinos),
con un escenario salpicado de los más raros pinos,
se me ha cruzado, mojándome cual ola
los pies de un cosmos desconocido que entona
versos de picos y cantares para arrullar el nido.

Aglomerado en el aire del incienso recién nacido,
corre en el frío el aroma que alimentan las abejas.
El organismo se despeja;
yo antes estaba herido:
ahora, en mi carcasa de almeja,
encontré una perla vieja y sin pulido
que ha huido incasable del ruido que de aquí se aleja,
que ha oído la canción de La Madre y sus recién nacidos.



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sábado, 9 de abril de 2016

¿Y si se derrumban 
las oficinas porque las sopló el viento,
y se desmayan todos los postes
y se difuminan todas las fronteras?

¿Qué sería de la humanidad
si no hubiera dónde ponerla?
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miércoles, 23 de marzo de 2016

saudade é muito comum

¿En qué parte del camino torcimos
y qué parte de nosotros guardamos de recuerdo?

Ignoré totalmente cuando el mundo

se giró a vernos con los ojos encendidos
en la búsqueda de una gota congelada
y una última sonrisa.

Desde donde estoy, los días no pasan.

Cada día es una repetición de ese día
que nos albergó a nosotros como a uno,
a nuestros delirios de importancia
y la temprana sombra debajo de los ojos.
Desde donde estoy, todos los días
son el día en que empecé a verte de verdad,
sumado a un arrepentimiento más
que sale de una boca de nostalgia y colmillos,
que se mueve, adolorida por canciones y amuletos.

Por mi afectada perspectiva del tiempo

hay una herida intangible que gobierna
todo lo que te rodea, y cada detalle tuyo
llena con sal las tierras mías que hirieron tus huellas.

Encontraste otro nombre,
lo vestiste como identidad.
Yo no pensé demasiado en apartarme
a repetir el tuyo hasta olvidar su significado.


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sábado, 5 de marzo de 2016

ágape

Primero fue una explosión que moldeó
con fuego y distancia la inmensidad de todo.

Antes del comienzo del tiempo, fue el azar
el que hizo los centros de miles de espirales celestes;
antes de las ilusiones compartidas, cuando el cielo
lo era todo, cada cuerpo giraba en el negro infinito
con la única intensión de hacer algo más grande.

Antes de la gravedad y la fina atmósfera
existía la unión, el fuego del encuentro,
la inmensidad en la mínima separación,
con átomos tomados de las manos, creciendo,
con moléculas caminando hacia la vida, rompiendo.

¿Cómo no llamar creación
a un universo que se inventó a sí mismo?
¿Cómo no saludar a la flor,
si en un principio, todos éramos iguales?

Confieso que mi dios no es alguien simple
(ni parte de un trío inseparable)
que se pueda identificar con un Él o Ella:
soy hijo del dios que no quiere ser alabado,
cuyo camino está lleno de pasos en todas direcciones,
y se expande en luz y espirales por el negro infinito.
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viernes, 15 de enero de 2016

Sentimiento Nacional

La nacionalidad es este acto separatista con el lema partidario de una hermandad bien sonada en sus himnos, tan invisible como los líneas que dibujan las fronteras que despedazan esta tierra. Porque es hermoso hablar de banderas en su movimiento contra el aire, y la gloria de unos colores que excavamos con sangre desde las profundidades de una patria que creemos poseer. Porque es bello creernos unidos contra un mundo del que venimos, porque queremos inventarnos una corriente a la mitad de una ola que nos dio cada nutriente en nuestro sistema.

Nadie puede poseer una montaña, ni asfixiar su cascada hasta convertirla en un hilo de agua, y seguir reclamándola como suya. No hay médanos o páramos que merezcan el peso de los títulos que los patriotas se clavan en el pecho emplumado, como diciéndole a los que no nacieron encerrados entre las líneas imaginarias de su país que están ganando y ganarán, solo porque hay más relieve en su lado de la caja de arena.

Jamás fuimos capaces de llevarnos bien entre nosotros. Crecimos mezclados en la misma tierra, hechos del mismo conjunto de polvo de estrellas, hermanos en los primeros pasos en la evolución de los caminos.

Contemplamos el horizonte joven, y la árida supervivencia nos hizo amigos de herramientas, familias de colores neutros, compañeros en las primeras fogatas. No fue sino hasta que nos cansamos de vernos al rostro que empezamos a inventar historias sobre la pérdida de un eslabón, torres hechas y deshechas en Babel y el grosor de las fronteras.

El humano incluyó en su proceso evolutivo la necesidad de dividir todo hasta el núcleo mismo de su nombre. La piel se resumió al átomo, el átomo a las partículas subatómicas, y todas estas a los hilos cuánticos del Todo. La Tierra se convirtió en países, el país en estados, los estados en norte rico y sur pobre, y los anteriores en mil himnos al orgullo rebelde del pecho patriota.

Aún así, logramos encontrar los colores de nuestro hogar derramados dentro del territorio ficticio. Cuando avances, lograrás extrañar tu vecindario roto, y la decadencia en las calles, y el vernáculo antiguo que aún se oye en el tricolor de los callejones. No te asustes. Solo estás recordando tu castillo de arena favorito; pero de cuánta belleza está hecho el Sahara...


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